Los Colores del Recuerdo

Aquella noche
nuestros sentidos se unieron
en un solo estertor.

Nuestros cuerpos
en ausencia de la luna
se juntaron.

Sobre nuestras cabezas
la noche y el deseo infinito
de robar nuestros cuerpos,
de absorbernos mutuamente
como las esponjas al agua,
con el imperioso afán
de libar hasta la última gota de amor,
de pasión y de deseo.

A lo lejos
los rumiantes resonaban,
para nosotros
sólo el corazón del uno sobre el otro.

Todo el mundo era nuestro,
porque el mundo éramos tu y yo
por la dulce complicidad
de la oscuridad cobijados.

Con los ojos del corazón agitado,
con nuestros cerebros obcecados
vimos el violeta del primer deseo.

 

 

 



El verde transformándose
en amarillo y anaranjado
de los primeros besos,
de las caricias preliminares.

Juntos llegamos a la plenitud
del rojo orgasmo,
del supremo instante
en que pasado y futuro desaparecen
para unirse en un solo presente,
en que luces y sombras
desparecen porque poco importan.

Cada neurona tuya
sinaptó con la mía,
la sangre de los dos se unió,
corrió vibrante por nuestros
desnudos cuerpos.

Un azul de laxitud nos invadió,
de las postreras caricias
y los agradecidos besos.

Azul que se transformó en blanco
porque ya ninguno pensaba;
todos los colores del placer
en nuestros cuerpos estaban sembrados.

Ya no éramos cerebro...
sólo piel que vibraba al contacto.

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